Parte 2: ¿Qué es el Amor? Por Rafael M. Carmona


Amor es el pensamiento que se llegó a tomar forma en la vida, el que no se concretó y el que nunca llegará a manifestarse. Amor es la emoción que se sintió y también la que no se sintió. Amor es la palabra que llegó a pronunciarse y la que no se ha pronunciado. Amor es la acción que se realizó y la que no se realizó. Amor es la situación que se dio y la que nunca puede que llegue a darse.

Trascendiendo el tiempo y el espacio, como sucede en planos de vida más lumínicos, desde los cuales, sirva de apunte o recordatorio, pasado, presente y futuro coexisten fusionados en el estado de existencia de lo que se viene a denominar el Aquí y el Ahora, ya que en estas dimensiones tiempo y espacio no existen, sabiendo que desde la 3D toda percepción es captada a través de los sentidos físicos siempre con base en la diferenciación y separación de lo que se percibe, Amor es, como se ha estado describiendo, toda la infinidad de potenciales, pasados, presentes y futuros, manifestados o sin manifestar, que coexisten, al unísono, en el estado atemporal del Aquí y del Ahora.

Así pues, Amor es todo ese caudal de vida permanente y en movimiento que es la Creación. Por eso, el Amor es la energía de todo y en todo. El Amor es la energía del Todo.

Queda ya atrás, pues, la definición de Amor relativa a la dualidad de la 3D en la que se le postula como el opuesto del odio. Si odio es repulsión o rechazo, es obvio que los opuestos de estas palabras, en este contexto, son atracción o afinidad, respectivamente, y no Amor, el cual, como se puede entender, hace referencia en estado puro, como mínimo, a un sentimiento mucho más elevado.

Del mismo modo, también quedaría ya rebasada la idea dual del Amor como opuesto del miedo como también se ha venido atribuyendo.

Asimismo, como atributos opuestos al miedo figuran claramente la valentía o el arrojo, en los cuales sigue permaneciendo como trasfondo el rastro del mismo miedo, como auténtico opuesto que es de ellos. Toda consideración o actitud dual, de una forma u otra, siempre existe y está remanente en su respectivo opuesto que, a la vez, permanentemente la sostiene y le da vida.

Como se ha explicado, en todo estado existencial subyace Amor, aunque se trate del caso de importantes desajustes existenciales, como este que es llamado miedo, que se singulariza por faltas de armonía, equilibrio y alineamiento. Ni que decir tiene que quedan incluidas todas las formas y tonalidades posibles de miedo, no solo las más conocidas como la que se reconoce ostensiblemente como pánico, sino también todos aquellos temores cuyas terminaciones puedan estar enraizadas en el subconsciente.

También es incluible en esta asignación todo tipo de estado y hecho generado en la violencia, aunque pueda ser calificado o juzgado como muy malo, cruel, brutal, inhumano, bárbaro, despiadado, salvaje o sanguinario.

La mera existencia de todos estos estados de desequilibrio constituye abiertamente un campo de experiencia necesario, importante y rico que los seres se encargan de explorar en determinados momentos de su periplo existencial para adquirir el entendimiento, la conciencia y la evolución oportunos que precisan, aparte de que, como formas de energía y vida que son, representan componentes esenciales de la Creación y que, por esa simple verdad, ya sostienen dentro de sí la propia energía del Amor, traspasando todo tipo de valoraciones, consideraciones y juicios que se suelan asociar.

Bueno sería recordar que en las mismas cadenas de ADN en cada una de las células de toda persona existe y perdura la impronta energética y divina de dicho ser con independencia de sus elecciones, decisiones y acciones, y que, por tanto, el Amor es y está de forma inherente en todo ser humano.

El Amor como energía, por tanto, gradúa su frecuencia vibratoria posibilitando experiencias de vida en todas las dimensiones y planos de la Creación como ya se ha comentado. De igual modo, adecúa su intensidad para permitir la existencia en la 3D y la dualidad característica en ella, por lo que el Amor es la energía esencial que también permite que se dé el juego de los opuestos en dualidad y cada opuesto en sí mismo, sin ser el Amor opuesto de ningún atributo en particular. Solo es la esencia que, aminorándola, permite un nivel de existencia más lento y denso, y aumentada consigue que se trasciendan estos planos de vida más espesos, como son en este caso el de la dualidad y la separación, y alcanzar, así, niveles de conciencia más expandidos, elevados y refinados, en los que se vislumbre el sentido de unidad que lo envuelve, penetra y lo acaba realzando todo.

La experiencia del Amor, como estado del ser que se consuma y también como una actitud consciente y elegida con voluntad y convicción firmes, en el que se dirijan a cada instante palabras, pensamientos y ofrecimientos con Amor al Padre Creador, Dios, a todas sus criaturas, a todo lo que se ve y se percibe, se desea o se intuye, y en las que también tiene cabida la bendición a todos ellos por medio de las acciones, obras y actuaciones que se les decida a bien realizar y brindar, puede llegar a constituir el comienzo de un nivel evolutivo consciente en el que un nuevo sentido de resplandor y maravilla puede empezar a fraguarse como la banda sonora del propio entorno individual, por mucha contrariedad que pueda levantar en terceras personas, y en el que la rutina de la lógica y el sentido común generalizados comience a difuminarse, como referencia convencional, asumida y establecida ya desde el pasado, siendo activada una nueva actitud consciente y permanente de entrega, humildad y alabanza.

No en vano, las canalizaciones expresan que la energía del verdadero Amor, como esencia refinada y sutil, actualmente penetra en esta dimensión en octavas de frecuencia vibratoria considerablemente más altas de las que son propias en una morada de la 3D, desde hace ya unos años de nuestro tiempo, atendiendo a unas características del todo desconocidas hasta el momento como energía regeneradora y activadora en su interacción con los seres que en esta dimensión habitan, en el contacto con sus propios cuerpos y en la repercusión en sus vidas y experiencias.

De esta forma, la energía del Amor viene a ser el catalizador que permite trascender la dualidad tridimensional y la existencia del juicio mental que siempre está habilitando el juego de los opuestos, como causa que es uno del efecto que supone el otro, el cual representa un ejercicio cíclico que es intrínseco de la propia dualidad en 3D y que no cesa de retroalimentarse continuamente. Juicios y actitudes duales, opuestos: lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo bonito y lo feo, la atracción y la repulsión, la acción y la reacción, etc.

Es, pues, ese incremento de la intensidad vibratoria de la nueva energía crística del Amor, ya disponible en esta dimensión terrestre para todo aquel que elija y quiera darle entrada y cabida en su cuerpo y en su vida, el que va a permitir salir del plano de la 3D, trascendiéndolo, y poder, así, acceder a otro estatus correspondiente a las nuevas condiciones vibratorias en el que se puede contemplar y experimentar el estado de unicidad que conecta y cohesiona todo lo que existe estando en plena encarnación en la Tierra, en cuerpo y alma, como privilegio que ofrece este tiempo de ascensión dimensional de magnitudes incomparables y la simple opción personal de abrirse consciente y decididamente a este cambio.



Extracto de 21 PREGUNTAS
LIBRO DE LA AUTOMAESTRIA
AUTOR: RAFAEL MONTAÑO CARMONA

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